CICLO II | La (r)evolución de las autoras de cómic [3/4]
El pasado miércoles 3 de junio continuamos con el proyecto “Visibilizando a ilustradoras y artistas del cómic en Wikipedia”, coordinado por Wikiesfera y financiado por el Instituto de las Mujeres. La tercera sesión del CICLO II | La (r)evolución de las autoras de cómic: Del clasicismo a la modernidad, conducida por Elisa McCausland y Diego Salgado, recorrió el cómic franco-belga, italiano, alemán y británico para mostrar cómo el feminismo (y su ausencia) marcó el ritmo de la autoría femenina en cada país.
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> Resumen
Elisa McCausland y Diego Salgado llevaron el recorrido hasta Europa en la tercera sesión del segundo ciclo de divulgación. El punto de partida de la sesión fue una idea que atraviesa todo el panorama europeo: el feminismo de primera ola fue, sobre todo, un fenómeno anglosajón, con mucho menor impacto en Francia, Alemania o Italia. En una Europa donde la cultura dominante es literaria (y donde el cómic, en consecuencia, se percibe como un medio menor), la irrupción de las mujeres como autoras llegó más tarde y de forma más fragmentada.
En el ámbito franco-belga, la modernización del cómic llegó con las tiras norteamericanas y, sobre todo, con Tintín, de Hergé, que fijó el formato del álbum (48-64 páginas, apaisado, con tiradas de hasta 200.000 ejemplares) y el estilo de la línea clara. Las mujeres estuvieron presentes desde el principio, especialmente en revistas infantiles y para chicas, como la dirigida por Jacqueline Rivière (en inglés), llamada La Semaine de Suzette (en francés), y su tira de cómic Bécassine (en francés), pero casi siempre sin reconocimiento autoral. Figuras polifacéticas como Manon Lessel (1909-1985), Maggie Salcedo (en francés) o Édith Follet (en francés) se movían entre la ilustración, la publicidad y la moda sin que su trabajo se identificara como «obra». El verdadero punto de inflexión llegó con la revista Ah! Nana, surgida del entorno de Métal Hurlant, que en los años 60-70 se convirtió en un espacio de autoría femenina explícita, con perspectiva feminista y voluntad de apropiarse de la propia representación. Por sus páginas pasaron nombres como Nicole Claveloux (en francés), Chantal Montellier (en francés), Florence Cestac, Claire Bretécher y Annie Goetzinger, entre otras.
En Italia, grandes profesionales de posguerra como Lina Buffolente y Grazia Nidasio destacaron por dominar todos los géneros: humor, oeste, romance, aventuras. Uno de los hitos más singulares del cómic italiano es Diabolik, el criminal enmascarado con dosis de sadomasoquismo y violencia que se convirtió en uno de los personajes más importantes de la historia del medio, creado por las hermanas Ángela y Luciana Giussani. La dupla creativa formada por Alessandro Barbucci y Barbara Canepa (ambos en italiano), creadores de W.I.T.C.H. y Sky Doll, ilustra otra tensión recurrente: el modelo de marca, heredado de Disney, que no admitía firma personal y generaba fricciones constantes con la identidad autoral. El equivalente italiano a Ah! Nana fue la revista Strix: giornale di fumetti e altro fatto da donne, espacio feminista e intelectual donde trabajaron autoras como Cinzia Ghigliano (en francés) y Giovanna Maldini (primera autora italiana en publicar un álbum original). Más recientemente, perfiles como Paola Barbato, guionista de Dylan Dog, y la editora y teórica Laura Scarpa (en italiano) representan la continuidad de ese trabajo. El declive de las revistas, la televisión privada y la llegada del manga transformaron después todo el panorama editorial italiano.
El cómic alemán recibió una mención más breve. Incluso en la RDA existió cómic, aunque de carácter didáctico y con autoras apenas conocidas. Anke Feuchtenberger (en alemán) se señaló como una de las primeras grandes autoras alemanas, con una sensibilidad postmoderna vinculada a la reunificación, en un mercado históricamente conservador, poco político y muy infantilizado.
En el Reino Unido, con su larga tradición de cómic popular, incluidos los funny animals (en inglés), animales antropomorfos, y su potente cultura de prensa, Posy Simmonds se citó como una de las autoras más importantes, con un enfoque literario y feminista. También se habló de Marie Duval, que junto a Charles Henry Ross, contribuyó a legitimar el cómic entre las clases populares a finales del siglo XIX.
Toda la sesión estuvo atravesada por una misma idea: la persistencia del modelo de marca por encima de la autoría individual, desde Hergé hasta Disney, una industria que ha preferido invisibilizar a sus colaboradoras para mantener una firma única. Esto se repite en duplas creativas donde la aportación femenina queda silenciada, como Annette Tison (en francés), cocreadora de los Barbapapá junto a Talus Taylor. La investigación genealógica sobre estas autoras es reciente en todos los contextos europeos y se sigue trabajando para ayudar en su visiblización.
> Bibliografía

Durante la sesión, se mencionaron las siguientes obras:
- 1905 – La Semaine de Suzette de
- 1976 – Ah! Nana
- 1962 – Diabolik de Ángela y Luciana Giussani
- 2000 – Sky Doll de Alessandro Barbucci y Barbara Canepa
- 2001 – W.I.T.C.H. de Alessandro Barbucci y Barbara Canepa
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