Wikiesfera: una década de lucha feminista

Una carta de Patricia Horrillo, fundadora de Wikiesfera

Queridas wikijabatas, 

Os escribo este texto desde otro sitio, uno que no me había permitido desde hace demasiado tiempo. Os escribo desde el yo. El de ahora. Que con 48 años mira a su otro yo, el de 38, y se siente fascinada y orgullosa por lo sucedido en esta década increíble. Espero que me permitáis explayarme porque diez años dan para mucho y lo que empezó con una duda de activista algo ingenua ha acabado convirtiéndose en un proyecto central en mi vida. Somos una comunidad feminista creada desde el cariño y la constancia (cualidad que no creía tener en mí), alrededor de una herramienta tecnológica de conocimiento que tiene el desarrollo colaborativo en su ADN. Esta es la historia de Wikiesfera contada sin enlaces, negritas ni métricas pero con el corazón en la mano. Porque si algo he aprendido en esta década es que el conocimiento también se construye desde la memoria, las emociones, el conflicto y la rebeldía. Ante un sistema injusto es maravilloso poder enfrentarse a las adversidades junto a compañeras que comparten los mismos valores y principios. Compañeras como vosotras. Gracias por estar ahí.

Una pregunta incómoda

En 2014 yo no había diseñado un plan maestro. Pero había un tema que me rondaba desde hacía tiempo y que me tenía desconcertada. Venía de la experiencia de la 15Mpedia, una wiki que creamos entre varios activistas tras el 15M para documentar un movimiento social histórico, y aquello no había funcionado como yo esperaba. La herramienta estaba ahí, abierta, disponible… pero la gente no editaba y yo no entendía por qué. Ese mismo año entré a trabajar como mediadora cultural e investigadora en Medialab Prado, en Madrid, y decidí averiguar las razones por las que aquella apuesta por documentar asambleas y acciones reivindicativas de forma descentralizada y colaborativa no había cuajado, y lo incorporé a mi línea de investigación.

Organicé sesiones abiertas para entender por qué la gente editaba o no editaba una wiki bastante más famosa que mi peque-wiki-activista: la Wikipedia. Y como buena wikipedista, lo documenté todo. En esas reuniones, en las que corroboré que técnicamente el mundo wiki era bastante más complicado para la mayoría de los mortales, surgió una cuestión con la que no contaba y que afectó de lleno a mi propio planteamiento del grupo. Mientras yo defendía la importancia de participar creando contenido en la enciclopedia online más consultada del momento, una mujer me dijo: “Pero Patricia, ¿quién soy yo para escribir la Historia?”.

¡Bum! Ahí entendí que el problema no era (solo) técnico. Era político. Simbólico. Emocional. No se trataba de saber darle a un botón, sino de sentirse con derecho a ocupar un espacio que se nos ha dicho, de mil maneras, que no es para nosotras. Especialmente a las mujeres. Wikipedia, pese a su discurso de apertura, es un lugar duro: poco pedagógico, lleno de normas implícitas, conflictos, jerarquías informales y egos varios. Y los datos que se acababan de publicar sobre participación resultaban desoladores: solo una de cada diez personas que editaba Wikipedia era mujer y menos del 20% de biografías eran de mujeres. Comprendí que, si quería que hubiera más editoras, no bastaba con enseñar cómo funciona la herramienta. Había que crear un espacio donde equivocarse no conllevara un castigo y no hubiera que pedir permiso o perdón a cada paso. Necesitábamos un lugar donde la exigencia y el yo quedaran fuera, y pudiéramos poner en el centro la curiosidad, el intercambio… ¡y las chuches! Debíamos construir un sitio donde convertirnos en wikipedistas.

Aprendiendo juntas

Desde ese momento, Wikiesfera empezó a tomar forma como algo muy concreto: un espacio de aprendizaje horizontal. Yo no tenía todas las respuestas (y sigo sin tenerlas), pero sí tenía claro que no quería reproducir jerarquías ni figuras de autoridad incuestionables. Mi papel fue siempre el de acompañar. Acompañar en las dudas, errores, bloqueos, descubrimientos. Editar juntas, pensar juntas, reírnos cuando algo “se rompía” (recordando con mucho énfasis que la maravilla del mundo digital es que existe el CTRL+Z para deshacer los fallos) y celebrar cada pequeño avance. Ese mismo año y viendo la experiencia de los primeros meses tomé otra decisión importante: cuando terminó mi etapa como mediadora en Medialab, no quise que Wikiesfera se evaporara. A partir de septiembre de 2015, todos los lunes por la tarde estaría editando en una sala a la que podía venir quien quisiera, sin necesidad de apuntarse o avisar. Mientras lo estaba lanzando pensé que probablemente muchas veces no vendría nadie pero no me preocupaba: quería que Wikiesfera fuera un lugar de referencia al que acercarse por deseo y necesidad. Y, como dato curioso, nunca estuve sola.

En 2015, organicé también la primera editatona de Wikiesfera. La recuerdo con muchísimo cariño. No había hecho nunca nada parecido pero tenía claro lo que no buscaba: una actividad de producción de artículos. Quería algo más. Que aquella sala con mesas, sillas, regletas y un proyector fuera un espacio de acogida, diálogo y aprendizaje, y que ninguna participante se sintiera sola ante la pantalla. Y, de hecho, fue un punto de partida para lo que acabaron siendo nuestras editatonas: experiencias de éxito en la publicación en Wikipedia. No hacía falta saber nada para participar porque íbamos a trabajar juntas en la creación de biografías de mujeres, usando internet, documentos compartidos, descubriendo todas las claves para que esos artículos se construyeran en fondo y forma con los criterios de la comunidad wikipedista, y los publicaríamos juntas al final de la jornada con un subidón colectivo. Los aplausos y la emoción al gritar “¡El primer artículo está… PUBLICADO!” nos ponían a todas en órbita. 

Sin pretenderlo, y con las aportaciones de las personas que apoyaron Wikiesfera y creyeron en su potencial desde el primer momento, desarrollé un sistema que ha funcionado de forma increíble. Incorporé a mi propia receta los ingredientes que comprendí que encajaban a la perfección para multiplicar el éxito de la actividad: elegir una temática que despertara interés, conseguir que una experta nos diera el contexto, acompañar las horas de trabajo con algo que llevarnos a la boca, y siempre que se pudiera, regalar un libro relacionado a las participantes, agradeciendo y reconociendo su aportación. A esa fórmula le hemos ido aplicando mejoras. Pero esencialmente la hemos utilizado con éxito de crítica y público… ¡en más de 180 editatonas! ¿No os parece alucinante? A mí me sigue dando vértigo, la verdad. 

El tercer tiempo

La presencialidad fue clave en los primeros años. Veníamos de una época muy marcada por el activismo digital, y yo sentía que necesitábamos encontrarnos para hacer cosas en persona. Y supongo que en parte por eso y en parte porque nos lo pasábamos muy bien cuando nos juntábamos los lunes, las reuniones no acababan cuando cerrábamos los portátiles. Muchas veces seguían fuera, tomando algo en algún bar cerca de Medialab. Ese rato informal (nuestro querido “tercer tiempo”) fue tan importante como la edición. Ahí se fueron forjando amistades y complicidades, se sostuvieron momentos difíciles y se construyó algo que va mucho más allá de Wikipedia: nuestra comunidad.

En ese primer año conocí a María Sefidari, entonces presidenta de la Wikimedia Foundation y ahora mi referente del mundo mundial en lo que se refiere a estrategia, además de una gran amiga y compinche wiki. Nuestro primer encuentro puede decirse que fue… abrupto (aunque ahora lo recordemos entre risas). Yo tenía mis reservas sobre su compromiso en combatir la brecha de género en Wikipedia, completamente infundadas, lo reconozco. Pero se disiparon cuando la vi trabajar codo con codo en una de las reuniones de Wikiesfera. Durante un tiempo vinculamos Wikiesfera a WikiMujeres, el grupo que ella había creado junto a la periodista Montserrat Boix. Compartíamos objetivos, pero también aparecieron diferencias: ritmos, cuidados, sostenibilidad, límites del voluntariado. Así que, tras el WikiWomen Camp de 2017 en México, María y yo tomamos una decisión importante: Wikiesfera tenía que ser independiente.

Crecer en grupo

Este cambio nos permitió ampliar la mirada. No queríamos hablar solo de la brecha de género, sino también de otros vacíos de conocimiento que me tocaban particularmente, como la Memoria Histórica en España. Y unos meses más tarde, obtuvimos el reconocimiento como grupo oficial del Movimiento Wikimedia, lo que nos dio legitimidad. El grupo creció despacio, sin obsesión por la productividad. Algunas personas venían y se iban, otras se quedaban y se sumaban a la incipiente comunidad. En realidad, no había presión por parte de nadie: nos reuníamos porque nos lo pasábamos bien juntas, y la constancia de esas reuniones surgía de forma natural.

En 2017 pasaron muchas cosas bonitas y potentes. Recuerdo con especial cariño las editatonas nocturnas en las que empezábamos a las 21 horas y yo acababa metiéndome en la cama a las 2 de la madrugada, agotada pero contenta. De aquellas hubo una sobre brujas que celebramos en Halloween. Sí. ¡Hasta fuimos disfrazadas y leímos un conjuro! Qué tiempos… También se hicieron editatonas en algunas bibliotecas municipales sobre las mujeres de las calles de Madrid (otro proyecto apasionante). Y di una charla TEDx que marcó un antes y un después: Nadie hablará de nosotras si no estamos en Wikipedia. Poner palabras a lo que ya estábamos haciendo ayudó a que más gente entendiera que esto iba de política y de feminismo, no solo de enciclopedias y de conocimiento libre.

Salir fuera y mirarse al espejo

Ese mismo año, un equipo de Deutsche Welle Akademie se puso en contacto conmigo. Querían visibilizar en Wikipedia la cosmovisión de los pueblos y nacionalidades indígenas del Ecuador. ¡Ahí es nada! Así nació Nos tomamos la Wiki que vio la luz en 2018. Fue un proyecto maravilloso que cogí con muchas ganas porque lo vi como una oportunidad de testar mi método de aprendizaje horizontal en un contexto distinto. Ahora me da cierto pudor recordar cómo lo abordé, pensando que entendía las circunstancias idiomáticas y culturales que me iba a encontrar, y creyendo que yo no tenía una mirada colonialista… Ay, amigas. Tuvieron que pasar varios meses de actividades con un equipo fantástico para descubrir con auténtico estupor que la lengua materna de quienes participaban en los talleres no era el castellano (por muy increíblemente bien que lo hablaran) sino el quechua. Así que cuando yo les decía frases del tipo “Usad vuestras propias palabras” o “Escribid de forma directa y clara, con un lenguaje sencillo” (que tan bien me habían funcionado en España) estaba metiendo la pata al ignorar su lengua y sus expresiones. Fue una de las participantes la que me lo mencionó con mucho cariño. Y yo deseé que me tragara la tierra. ¿Cómo había podido ser tan necia? Sentí vergüenza de mí misma, os lo confieso. Aquello me hizo reflexionar mucho sobre la importancia de cómo ocupar ciertos espacios aunque nos hayan invitado. Descubrí mis propios sesgos. Y también que se puede acompañar desde otros lugares no centrales. 

Es verdad que después de aquella experiencia dudé mucho. Dudé de mí y del método. Dudé de la horizontalidad de la que había presumido. Dudé de mi forma de explicar y acercar a más personas a Wikipedia. Pero en medio de las dudas, apareció Tila Cappelletto para que recuperara mi confianza en lo que había estado haciendo antes de Ecuador. Ella, otro de mis pilares desde aquel momento, había participado en la primera editatona en 2015 y vino a verme a una de mis reuniones de los lunes después de varios años. Me dijo cómo le había entusiasmado el planteamiento de aquella experiencia y del grupo en sí, y que quería replicarla… ¡en Portugal! Había hablado con un grupo de activistas en Lisboa y me querían invitar para que coordinara la actividad. Me dijo que no era un problema que yo no hablara portugués (algo que desearía cambiar), y que estaban muy ilusionadas con que yo fuera. Mi querida Tila hizo posible el encuentro en marzo de 2019 que se acabó convirtiendo en la semilla de un nuevo grupo de usuarias llamado WikieditorasLX, liderado por unas mujeres increíbles. Lo siento como el primer nodo hermano de Wikiesfera. Y no puede haber nada más bonito. Porque también me sirvió para demostrar (y demostrarme) que ese sistema, compartido desde el lugar correcto, se podía replicar.

En paralelo a los viajes y los experimentos, yo seguía organizando editatonas allá donde podía. Y así fue cómo en ese 2019 conocí y me conocieron dos compañeras increíbles que hoy ocupan un lugar central en Wikiesfera: Isabel Zapico y Liliana Alviárez. Isa participó en una editatona de mujeres STEM que se organizó dentro del Festival Princesas y Darthvaders en La Casa Encendida, y Lili en una editatona de circo que organizamos en el Teatro Circo Price gracias a María Folguera su directora de aquel momento, preocupada por recuperar la memoria circense. Ellas se engancharon al mundo de la edición y yo no puedo estar más agradecida de su enamoramiento por este proyecto. Os digo que, sin ellas, sin su apoyo, su trabajo y su complicidad, no habríamos llegado a esta década de celebración.

Cuando todo se tambalea

La llegada de la pandemia y el confinamiento en marzo de 2020 me obligó a hacer algo que siempre había evitado: pasar a reunirnos de forma virtual. Pero era necesario si no quería que Wikiesfera desapareciera. Reconozco que fue una sorpresa ver la reacción de quienes ya se sentían muy dentro del proyecto. Abrí una cuenta de Zoom y empezamos a probar cómo era eso de vernos en pantalla. Y funcionó. Lo hizo tan bien que decidimos en una de esas nuevas reuniones virtuales de los lunes organizar una editatona ¡también virtual! A mí me preocupaba mucho cómo ayudar a las nuevas editoras sin estar con ellas en persona, pero acabamos diseñando un nuevo sistema manteniendo en todo momento la premisa del acompañamiento. Aprendí a crear salas con grupos pequeños, en los que siempre había alguna editora con experiencia, y yo iba entrando en cada uno para ver cómo iban y resolver dudas. El éxito de algunas de aquellas editatonas me hizo ver la importancia de ofrecer un espacio virtual tanto para gente que no vivía en Madrid como para aquellas personas que, por horario o ubicación, no podían venir en persona ni a las reuniones semanales ni a las editatonas. Y por eso, a día de hoy, mantenemos reuniones virtuales todos los meses.

En ese contexto de pandemia, a finales de 2020 organicé una editatona virtual junto con el laboratorio de innovación del Gobierno de Aragón en la que participaron casi veinte mujeres. Y el virus de editar en Wikipedia (no el otro) contagió fuerte a dos de ellas: Chon Benito y Ana Asensio. Su entusiasmo y el apoyo de la Comunidad Aspasia del LAAAB, como institución imprescindible, dieron lugar al nacimiento de WikiAragón. Primer nodo de Wikiesfera en España y ejemplo paradigmático de cómo el acompañamiento en remoto puede generar autonomía.

Pero la pandemia que nos impactó de tantas maneras tuvo un último coletazo desde el ámbito institucional con el cierre de Medialab Prado a mediados de 2021. La que había sido mi segunda casa y el lugar de nacimiento de Wikiesfera desaparecía como proyecto cultural y, pese a las promesas del Ayuntamiento de Madrid, nos quedamos huérfanas de lugar para reunirnos. Sí, el programa se trasladó a Matadero. Pero ese espacio céntrico en el que nos cruzábamos con otros grupos y donde podía llegar a conocernos cualquier persona que pasaba por allí curioseando, había muerto. Intentamos retomar las reuniones semanales en el “nuevo” Medialab, pero no podían ser los lunes porque estaba cerrado y la alternativa de juntarnos los miércoles solo podía hacerse cada dos semanas. También quedó en pausa la organización de editatonas, que ya no podían ser los sábados y que, más adelante, tuvimos que hacerlas en viernes por la tarde. Una comunidad, por fuerte que sea, necesita de sus rutinas y sus lugares reconocibles, y con tantos cambios nos habían descolocado completamente.

Pese a las dificultades, no desistimos. Y, de hecho, ya como un grupo algo más sólido que conformamos entre María Sefidari, Isabel Zapico, Liliana Alviárez y yo, decidimos tirarnos a la piscina y pedir por primera vez una subvención a la Wikimedia Foundation a finales de 2021. Queríamos poner en marcha un proyecto sobre Memoria Histórica de España para poder mapear todo aquello que faltaba en Wikipedia y desarrollar actividades que nos permitieran ir completándolo. Fuimos ambiciosas y tuvimos el peor de los acompañamientos posibles para una primera vez en este tipo de procesos: una persona que no nos supo orientar correctamente. Pensábamos que habíamos dado todos los pasos necesarios y nos esforzamos por presentar la solicitud en tiempo y forma para su valoración. Lo dimos todo. Y la bofetada fue espectacular. Recuerdo asistir atónita a las respuestas a la propuesta por parte de otros wikipedistas: que por qué había que hacer un proyecto de este tipo con perspectiva de género, que algo así lo podía hacer un bot, que queríamos cobrar como ingenieras… No dábamos crédito. Fue doloroso darme cuenta del desprecio que la mayoría de aquellas personas manifestaba por escrito. Y frustrante saber que estábamos con ellas en el mismo barco: construyendo Wikipedia. Aún así respondimos a cada comentario con la educación que no habían tenido con nosotras (y que nadie de la fundación se encargó de frenar). Tanto código de conducta, tanta respetar la etiqueta… Todo papel mojado. 

Ni que decir tiene que estuve a punto de tirar la toalla. Era demasiado en un momento frágil. Pensé que si realmente todo estaba en nuestra contra, no tenía sentido seguir adelante. Aún así, sostuvimos el grupo como pudimos durante casi un año. Y fue un viaje a Irlanda donde participé con otros wikipedistas del mundo lo que me recordó que formábamos parte de algo mucho más grande. Que nuestra lucha iba más allá de nosotras mismas. Y volví dispuesta a plantar cara a ese futuro incierto.

Reinventarse para seguir vivas

En 2022, mi amiga Alina Zarekaite decidió abrir su librería La Fabulosa en el centro de Madrid con espacios para organizar actividades. Y, disculpadme por el recurso fácil, pero fue como un rayo de luz entre tantas tinieblas. A finales de ese año fue además el momento en el que conseguimos por primera vez el apoyo económico para seguir adelante. Y pese a mis reservas por lo que implica cualquier infraestructura que conlleva burocracia, creamos una asociación con la que empezamos a trabajar la gobernanza interna, los cuidados, la sostenibilidad. Una herramienta para seguir avanzando con nuestra misión.

Y así, entre libros, solicitudes de ayuda económica y documentos oficiales, Wikiesfera entró en una nueva etapa con más proyectos institucionales, más alianzas culturales, más visibilidad… pero sin perder la esencia. Incorporando además al equipo a Encina Villanueva, que venía a reforzar la parte de relación con los museos y las bibliotecas, nuestro lado GLAM. Una quinta pata que llevaba en el grupo muchos años y compartía la importancia de nuestra labor. Desde entonces, nos aporta una visión complementaria y fundamental: desde el arte, la escucha feminista y el cuidado de todas.

No han sido fáciles estos últimos años de cambios pero sí ha pasado algo maravilloso y que, las que estáis en el día a día, sabéis muy bien: ya no estoy sola al frente de este proyecto que me apasiona pero me estaba consumiendo. Me sentía con la responsabilidad de luchar aunque no tuviera fuerzas para seguir, convencida de que lo que estamos haciendo es importante. Pero las batallas, pese a lo que la ficción nos haga creer, no las gana una persona. No necesitamos figuras que se inmolen sino cambiar la forma en la que afrontamos la lucha. Y hacerlo juntas. ¿Verdad, María, Isa, Lili, Encina?

Por fin somos un equipo, amigas. 

Una reflexión final

Wikiesfera ha superado cualquier expectativa que pudiera tener cuando organicé aquella primera reunión para analizar por qué había tan poca gente editando Wikipedia. Me ha ayudado a entender mejor las estructuras de poder que, desde los feminismos, intentamos transformar: quién escribe la Historia, quién valida lo que se considera relevante, quién ocupa los espacios de conocimiento. 

A lo largo de estos diez años, he aprendido que no basta con señalar la brecha: hay que tejer redes que nos permitan cerrarla juntas. He disfrutado enseñando lo que yo misma iba aprendiendo y he sufrido viendo cómo otras compañeras eran silenciadas o expulsadas de espacios que deberían ser abiertos. Pero también he sido testigo de cómo muchas mujeres se emocionan al publicar su primer artículo y todas alrededor aplaudimos ese logro individual y colectivo. Han sentido el valor y la importancia que tiene publicar sobre otras mujeres que no habían estado visibles hasta ese momento. Y descubren que pueden construir Wikipedia con su propia voz. Esto sigue siendo uno de los actos políticos más potentes que conozco.

Ocupar un espacio digital como Wikipedia desde el compromiso feminista es un acto revolucionario. Wikiesfera nació como una herramienta para resolver dificultades y romper miedos frente a un lugar hostil, pero se ha convertido en una comunidad viva, que crece, se multiplica y se transforma.

Porque #JuntasSomosMásVisibles no es solo un lema: es una forma de estar en el mundo. Y estos diez años, queridas wikis, son solo el comienzo.


Agradecimientos

A todas las que habéis editado, acompañado, dudado, celebrado y sostenido Wikiesfera en estos diez años: gracias. Este texto no puede nombraros a todas, pero está escrito con vosotras.