El pasado miércoles 27 de mayo continuamos con el proyecto “Visitising comic book illustrators and artists on Wikipedia”, coordinated by Wikisphere and funded by the Women's Institute. The first session of the CYCLE II | The (r)evolution of comic book authors: From Classicism to Modernity, driven by Elisa McCausland y Diego Salgado, trazó un recorrido por la historia de las ilustradoras y editoras en el cómic estadounidense, desde la Edad de Plata hasta las herederas del underground feminista.

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We will record all the dissemination sessions of this project that we will organize in several bookstores in Madrid.

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Elisa McCausland y Diego Salgado analizaron en esta segunda sesión del segundo ciclo de divulgación cómo eran los años 50 en Estados Unidos, en una América cargada de contradicciones: la Segunda Guerra Mundial había incorporado masivamente a las mujeres al mercado laboral, pero la posguerra trajo una fuerte presión para que volvieran al ámbito doméstico. Fue precisamente esa tensión la que Betty Friedan diagnosticó en La mística de la feminidad, desvelando la insatisfacción profunda de miles de mujeres atrapadas en un modelo de vida que se les presentaba como el único posible. Lo que se esperaba de ellas y lo que ya habían demostrado que podían hacer impregna tanto el cine de la época como su humor gráfico, y explica por qué el cambio fue gradual y acumulativo, no un estallido repentino.

The Edad de Plata del comic book introdujo superhéroes y superheroínas más complejos y, con ellos, una presencia femenina cada vez más notable en la industria. Mujeres educadas y universitarias entraron como autoras y editoras, transformando poco a poco el medio desde dentro. Holly Resnikoff escribió historias románticas con matiz feminista desde Marvel; Flo Steinberg llegó desde las cartas de lectores hasta convertirse en guionista; Dorothy Woolfolk editó cabeceras importantes tras años apartada del sector. Marie Severin trabajó en todas las vertientes del oficio (color, tintado, diseño de personajes, merchandising) con una visión de conjunto que pocas tenían. Y Jenette Kahn, con poder ejecutivo real en DC Comics, dejó una huella estructural: cuando se marchó, la mitad de la plantilla eran mujeres.

El salto al cómic underground no fue solo cultural: fue también económico y técnico. El código de autocensura que regulaba el sector funcionaba porque la distribución estaba centralizada. Cuando empezaron a aparecer librerías independientes y la xerografía abarató enormemente la producción, el sistema se resquebrajó. Nació un ecosistema nuevo, más libre y también más precario, donde surgieron los Wimmen’s Comix (en inglés), impulsados por Trina Robbins en los años 70 con un debate interno intenso sobre qué debía ser ese espacio: la representación del amor entre mujeres, las autoras lesbianas, la corrección política, el equilibrio entre divulgación y expresión personal. Más radical en su propuesta fue Twisted Sisters, una antología que priorizaba la experiencia propia sobre cualquier programa editorial. Sus herederas (Phoebe Gloeckner, Debbie Drechsler (en inglés), Aline Kominsky, Diane Noomin) conformaron una corriente en la que el activismo y la autobiografía se convirtieron en herramientas narrativas centrales. No sin riesgos: estas publicaciones se enfrentaban constantemente a la amenaza de ser catalogadas como pornografía y sufrir censura o persecución.

El tránsito del underground al cómic independiente implicó una paradoja. El underground era necesariamente marginal: no podía venderse en kioscos convencionales. El independiente creó un circuito paralelo de librerías especializadas con venta directa, que ofrecía mayor libertad temática pero también formaba parte del sistema comercial. Con el tiempo, ese espacio independiente fue siendo absorbido por el mainstream. Wendy Pini ilustra bien esa tensión: creó ElfQuest con su pareja desde la autoedición más artesanal, pero con una vocación de fantasía heroica que terminó encontrando canales mainstream. Por su parte, Karen Berger renovó el cómic de los 80 viajando a Gran Bretaña y descubriendo una nueva generación de autores que traían una sensibilidad literaria distinta. Ese experimento cristalizó a principios de los 90 en el sello Vertigo, el intento de las grandes editoriales de absorber el mercado adulto sin perder su identidad comercial.

El recorrido llegó hasta Alison Bechdel, author of Fun Home y Are You My Mother, cuya trayectoria resume muchas de las tensiones del periodo: la reconversión del underground a la novela gráfica, la incomodidad de ese tránsito, la autodeterminación como proceso nunca del todo resuelto. Bechdel ha cuestionado públicamente su propia transición, y su trabajo actual sigue anclado en la exploración de lo cotidiano y lo íntimo.


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During the session, the following works were mentioned:


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